Camila Díaz, Javiera Madariaga y Caroline Robles participaron en el 29º Taller de Formación de Facilitadores de Educación Ambiental al Aire Libre en Puerto Montt. Las alumnas, becadas por la Facultad, destacaron por su sólido conocimiento científico y su capacidad para diseñar experiencias de aprendizaje significativo en ecosistemas boscosos.
La formación integral de un profesional de las ciencias naturales no termina en los laboratorios ni en las bibliotecas; se consolida en el contacto directo con los ecosistemas y en la capacidad de transmitir ese conocimiento a la sociedad. Bajo esta premisa, tres estudiantes de la carrera de Biología de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas (FCNO) se trasladaron hasta la Península de Quillaipe, en las cercanías de Puerto Montt, para formar parte de una experiencia educativa transformadora en el Santuario de la Naturaleza Parque Katalapi.
Camila Díaz, Javiera Madariaga y Caroline Robles fueron las seleccionadas para representar a la Universidad de Concepción en el “29º Taller de Formación de Facilitadores de Educación Ambiental al Aire Libre”, realizado entre el 10 y el 12 de abril. Su participación fue posible gracias a la gestión de becas de la Facultad, enmarcada en el convenio de colaboración que mantiene la FCNO con este santuario, el cual funciona no solo como un espacio de conservación, sino también como una estación biológica estratégica para la docencia y la investigación científica de nuestra casa de estudios.
Inmersión y metodología
El taller se centró en la entrega de herramientas críticas para el diseño e implementación de experiencias educativas utilizando la metodología del ciclo experiencial. Esta técnica busca que el aprendizaje no sea una mera transmisión de datos, sino un proceso que fomente una conexión real, ética y emocional con la naturaleza. Durante las tres jornadas intensivas, las estudiantes se sumergieron en el bosque nativo para comprender cómo facilitar procesos de aprendizaje que deriven en una conciencia ecológica profunda en públicos diversos.
El programa combinó sesiones teóricas en aula con aplicaciones directas en el terreno, donde los 21 participantes —entre docentes, guardaparques y profesionales del área ambiental— debieron enfrentarse a desafíos de mediación y facilitación. Para las alumnas de Biología, esto representó un ejercicio vital de traducción científica: aprender a comunicar procesos biológicos complejos de una manera accesible y motivadora, sin perder el rigor que caracteriza su formación académica en la UdeC.
Además de las competencias técnicas, la estancia en Katalapi permitió a las futuras biólogas desarrollar habilidades blandas de liderazgo y comunicación asertiva. Al trabajar en un entorno silvestre, la metodología del taller les permitió vivenciar cómo la observación de la biodiversidad puede transformarse en una herramienta de cambio social, integrando la ética del cuidado ambiental como un eje transversal que las acompañará en su futuro desempeño profesional, ya sea en la investigación o en la gestión ambiental.
Sello científico en terreno
Uno de los puntos más valorados por la organización del taller fue el aporte académico que las estudiantes penquistas entregaron al grupo. El equipo facilitador del Parque Katalapi destacó la generosidad y el entusiasmo de Camila, Javiera y Caroline al compartir sus conocimientos científicos con el resto de los asistentes. Su sólida base en el reconocimiento de especies de flora, fauna y funga fue identificada como un sello distintivo de la formación que entrega nuestra Facultad, enriqueciendo significativamente el diálogo interdisciplinario que se generó durante el taller.
Como parte del desafío final de la capacitación, las estudiantes debieron diseñar y ejecutar propuestas educativas originales aplicadas a las condiciones del parque. Sus proyectos fueron ampliamente celebrados por su creatividad y coherencia técnica, demostrando que son capaces de aplicar el método científico para resolver problemas de comunicación ambiental. Según señalaron las organizadoras, la participación de estudiantes de la UdeC suele elevar el estándar de discusión en estos talleres debido a su capacidad de observación y análisis crítico del entorno.
Este reconocimiento refuerza la idea de que el conocimiento biológico es una pieza fundamental para una educación ambiental de calidad. Al poseer las herramientas para identificar procesos ecológicos invisibles para el ojo no entrenado, las estudiantes pudieron actuar como verdaderos puentes entre la ciencia y la comunidad. Esta experiencia no solo validó sus conocimientos de pregrado, sino que las posicionó como futuras líderes capaces de influir positivamente en la percepción que la ciudadanía tiene sobre el patrimonio natural de Chile.

Alianza estratégica y futuro
El Dr. Alfredo Saldaña, académico del Departamento de Botánica y coordinador del convenio entre la Universidad de Concepción y la Fundación Parque Katalapi, subrayó la importancia de mantener y potenciar este convenio institucional. La estación biológica de Katalapi ofrece un laboratorio natural único para el estudio de la biodiversidad del sur de Chile, y estas instancias de capacitación permiten que el estudiantado desarrolle una sensibilidad social y pedagógica que es hoy más necesaria que nunca frente a los desafíos de la crisis climática global.
Para la Facultad, apoyar la especialización de sus alumnas en educación ambiental es una inversión a largo plazo en vinculación con el medio. El impacto de lo aprendido por Camila, Javiera y Caroline se verá reflejado no solo en sus trayectorias individuales, sino también en el fortalecimiento de la cultura científica dentro de la UdeC. La educación ambiental, entendida desde el rigor científico, es la herramienta más potente para asegurar que la investigación académica se traduzca en una protección efectiva de los ecosistemas.
Finalmente, tras recibir sus certificaciones, las estudiantes regresaron a Concepción con la misión de replicar lo aprendido en sus respectivas áreas. Esta colaboración con el Santuario de la Naturaleza Parque Katalapi reafirma el compromiso de la FCNO con una educación integral, donde la ciencia, la ética y la pedagogía se unen para formar profesionales conscientes de su rol como guardianes y comunicadores de la biodiversidad nacional.

Crédito de las fotografías: Valentina Vergara, de la Fundación Parque Katalapi.