Lo que antes era un foco de tensión por la basura y los microbasurales, hoy se proyecta como un corredor ecológico valorado por sus vecinos. El cierre del proyecto VRIM-2356, liderado por académicas de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas de la Universidad de Concepción, selló una exitosa alianza entre la universidad, el municipio, la empresa privada y, sobre todo, la comunidad organizada, dejando un legado de educación y orgullo local.

En la sede de la Junta de Vecinos San Marcos-Vegas de Perales, en Talcahuano, el ambiente era de celebración. Académicos, autoridades municipales, representantes de empresas, ilustradores y, fundamentalmente, los vecinos y vecinas, se reunieron para conmemorar el cierre de una etapa y el comienzo de otra para el Canal Ifarle. La ceremonia de clausura del Proyecto VRIM 2356 “Diversidad biológica del Canal Ifarle como patrimonio Urbano”, no fue un adiós, sino la consolidación de un trabajo que demostró que la colaboración es la herramienta más poderosa para la recuperación ambiental.

Del conflicto a la colaboración: el origen del proyecto

El Canal Ifarle, un corredor ecológico que une humedales a través de Concepción, Hualpén y Talcahuano, era una paradoja. Por un lado, un refugio vital para aves y mamíferos nativos; por otro, un punto de conflicto. En el sector de Vegas de Perales, la acumulación de basura y la presencia de roedores habían llevado a los vecinos a debatir entre protegerlo o “clausurarlo”.

Frente a esa disyuntiva, las doctoras Marcela Rodríguez y Lucila Moreno, académicas del Departamento de Zoología de la FCNO, propusieron un camino diferente: conocer para valorar, y valorar para proteger. Así nació el proyecto financiado por el Fondo de Vinculación con el Medio, impulsado por la Vicerrectoría de Relaciones Institucionales y Vinculación con el Medio UdeC, con el objetivo de transformar la percepción del canal a través de la ciencia y la participación ciudadana.

Como señaló el Decano de la FCNO, Dr. Marcus Sobarzo, la iniciativa encarna a la perfección la misión de la universidad. “Nuestro rol no solo es generar conocimiento, sino ponerlo al servicio de los territorios, dialogar con la comunidad y construir soluciones en conjunto. Este proyecto es el reflejo vivo de esa misión, liderado de manera brillante por dos académicas de nuestra facultad”.

Ciencia en acción: limpiar, educar y construir

El proyecto se desplegó a través de acciones concretas que involucraron a todos. “Colaboramos en las limpiezas del canal junto con la Agrupación Ecológica Canal Ifarle, trayendo estudiantes y limpiando nosotros mismos”, relató la Dra. Lucila Moreno.

Pero la intervención fue más allá de la limpieza. Se realizaron talleres de educación ambiental que beneficiaron directamente a cerca de 60 estudiantes de colegios aledaños y a más de 100 miembros de la comunidad. “Hicimos un taller sobre la diversidad de avifauna y otro donde construimos casitas anideras para aves rapaces, para que los niños las instalaran cerca de sus colegios y ayudaran al control biológico de roedores”, explicó la Dra. Moreno. Los niños, recuerda, se mostraron “muy interesados y participativos en todas las actividades”.

Dra. Marcela Rodríguez, directora del Proyecto VRIM 2356, presentó un resumen con los principales hitos.

Un legado visual: el arte que educa

Uno de los hitos más visibles y perdurables del proyecto fue la instalación de cuatro paneles informativos a lo largo del canal. La ilustradora e Ingeniera en Conservación de Recursos Naturales, Catalina Luengo Veloso, fue la encargada de dar vida a estas estaciones educativas.

“Ilustré estos cuatro paneles en compañía de la agrupación y las profesoras, definiendo el contenido asociado principalmente a las aves, la representación del ecosistema y acciones que podrían apoyar la conservación de estos espacios”, comentó la artista. Estos letreros, co-financiados gracias al aporte de la empresa Occidental Chemical Chile (OXY), no solo embellecen el entorno, sino que funcionan como una galería al aire libre que educa a los transeúntes sobre la riqueza natural que los rodea.

Inauguración de paneles educativos junto al canal Ifarle de Talcahuano.

La unión de voluntades: una alianza estratégica

El éxito del proyecto radicó en su capacidad de articular a distintos actores. Cristian Campos, director de Desarrollo Comunitario de la Municipalidad de Talcahuano, destacó esta sinergia: “Estamos muy contentos por el apoyo de la universidad porque esto va creando mayor conciencia social y ambiental. Ahora comienza una nueva etapa de educación ambiental en torno al canal Ifarle y la comunidad de Talcahuano”.

La Dra. Marcela Rodríguez, directora del proyecto, destaca que el éxito de la iniciativa se construyó sobre un pilar de colaboración. En este sentido, resalta el rol fundamental de la Agrupación Ecológica Canal Ifarle, representada en terreno por el compromiso de Karim Abufarhue y Karla González. A esta fuerza comunitaria se sumó el talento y la energía de una nueva generación de científicos de la UdeC, cuya participación fue clave en cada etapa: el estudiante de Biología, Ray Molina; la tesista del Magíster en Ciencias con mención en Zoología, Francisca Barría; y la alumna del Doctorado en Sistemática y Biodiversidad, Amparo Rodríguez-Ruiz.

Desde el sector privado, Carolina Sánchez de OXY Chile, reafirmó su compromiso. “Recibimos el llamado de la municipalidad para aportar con los letreros. Creemos que la forma es educar, no existe otra manera de que generemos el cambio. Nos interesa crecer con nuestra comunidad y, como dice el dicho, ‘no hay que entregar el pescado, sino enseñar a pescar”.

Para la Dra. Marcela Rodríguez, directora del proyecto, la sensación es de plena satisfacción. “Pudimos vincularnos bien con la Municipalidad de Talcahuano y trabajar de la mano con la Agrupación Ecológica Canal Ifarle para el bien de este ecosistema que la gente tiene a las puertas de su casa. El cierre deja este buen sabor de todas las actividades que hicimos, y además de estos cuatro paneles educativos finales”, concluyó. Con cientos de personas beneficiadas, el Canal Ifarle ya no es un problema, sino un patrimonio que su comunidad aprendió a llamar suyo.

Crédito fotografías: P. Hernández.